La propia definición de la palabra “tragedia” hace alusión a algo que supera nuestro conocimiento, que afecta a nuestros corazones y que por encima de todo no tiene una razón clara de ser, ni un motivo por el que debamos ni tan siquiera aceptarla.
El mundo del fútbol y la sociedad española en general ha sido golpeada por la repentina muerte de Daniel Jarque, defensa del Espanyol que falleció anoche, en la concentración del equipo en Italia, de un infarto.
Uno no puede menos que sentir inquietud y temor porque algo así pueda pasar a un deportista de alto nivel, con todo un servicio médico diario pendiente de él y con un nivel físico en principio envidiable. Pero más allá de este tipo de consideraciones previas, lo que este tipo de horribles sucesos pone de manifiesto es que pese a lo que se quiera decir desde algunos rincones más absurdos de la sociedad, el mundo del fútbol, como cualquier otro colectivo, tiene corazón..y por eso, como en estos momentos, puede romperse en mil pedazos.
Gente de todos los equipos, instituciones y demás, han reaccionado a la muerte de Jarque con honor y responsabilidad, lanzando comunicados, ruedas de prensa y demás para solidarizarse con el equipo y la familia. En estos momentos terribles, en los que un joven a punto de ser padre ha fallecido, solo queda dar la noticia y mandar un fuerte abrazo a su familia.
Hay veces que las palabras sobran. En este caso, estoy casi seguro de que es una de esas veces.
Una de las frases más habituales para definir un estado de ensimismamiento y falta de atención es decirle a alguien que está “en la Luna”. Pues bien, esto que siempre suele tomarse de manera “perversa”, podría simbolizar hoy en día un privilegio digno de presumir durante siglos….
A menudo llamado ” el cuarto poder”, el papel de la prensa y los medios de comunicación siempre ha sido, desde el inicio de los tiempos, respetado y entendido por toda la sociedad. Respetado, en el sentido de que nadie puede negar a estas alturas la importancia de la prensa en la formación de la opinión pública, y entendido, porque nadie hoy puede pretender que los medios no realicen la labor importantísima que llevan a cabo.