Uno de los debates más antiguos del mundo solo podría tener como objeto el oficio más antiguo del mundo, la prostitución. Durante estos días se están produciendo movimientos a nivel social y político respecto a qué hacer con la prostitución y qué medidas tomar para que un negocio que sigue estando sin control alguno en nuestro país, se mueva en una dirección o en otra.
Para algunos, los partidarios de la legalización, llevar a cabo una regulación completa de este negocio podría terminar con la “venta ambulante” en las calles y con todo lo que ese tipo de actividades suele llevar. Del mismo modo, se apunta a una serie de mejora higiénicas y del propio estatus de la mujer que, con la legalización podría no estar tan metida en un mundo subterráneo y alejado de la propia ley.
Por otro lado, existen los partidarios de la eliminación completa de la prostitución o, por lo menos, de la persecución con la ley en la mano de este tipo de actividades. Denuncian que se trata de un oficio que degrada a la mujer y que además trae consigo un gran número de aristas nada convenientes para la sociedad, como las drogas, un cierto tipo de esclavitud, y en definitiva un mundo nada recomendable.
Ambas posturas están siendo defendidas e incluso desde los propios poderes públicos se está viendo diversas posbilidades. La prohibición de anuncios de contactos en los periódicos, por ejemplo, o la habilitación de espacios destinados a este tipo de actividades, son algunos de los temas que se empiezan a escuchar tanto en medios de comunicación como en los propios pasillos del parlamento.
Habrá que ver, en cualquier caso, si un debate a estas alturas con este tema es necesario (por oportunidad temporal, no por motivos morales) y sobre todo, si hay manera de llegar a una conclusión y una dirección respetada por todos y apoyada por sociedad y grupos políticos.