Pocas veces un premio Nobel de la Paz había desatado tanta polémica. No, no se puede afirmar que nos encontremos ante la época Obama, zarandeado por el fracaso de Chicago en la elección de los juegos, y duramente criticado incluso en la concesión de uno de los premios más importantes del mundo.
¿El motivo? Posiblemente la juventud en el cargo que indudablemente lleva pareja la imposibilidad de haber hecho gran cantidad de méritos como para ser recepcionista de este gran premio. Para el jurado, no hay duda, y se ha premiado los esfuerzos de Obama por dotar a la diplomacia de un puesto que el anterior presidente americano había dejado por los suelos. La importancia de las instituciones internacionales y la visión de un mundo sin armas nucleares, es otro de los motivos que ha citado el gran jurado para conceder el galardón al presidente de los Estados Unidos.
La realidad es que estos motivos han convencido a pocas personas, uniéndose con aquellos que estaban aguardando el más mínimo bajón en la popularidad de Obama para atacarlo con dureza y conseguir así una pequeña revancha por el huracán que se originó en su elección como presidente.
Habrá que esperar, en cualquier caso, que el galardón condicione en la medida de lo posible la actitud de los Estados Unidos y del resto de potencias que han visto como, al menos desde el jurado del Nobel, se aboga siempre por la diplomacia y el regreso a las instituciones internacionales.