Es curioso como lo que a menudo consideramos derechos también tenemos a olvidar las obligaciones que conllevan. Se nos llena la boca de afianzar (y por lo general con razón) lo que consideramos innegociable y defender nuestra posición ante “malvadas multinacionales” pero tendemos a aprovecharnos de muchos resquicios legales que terminan por convertirse también en resquicios “morales”. Me explico.
No hace demasiado se montó una gran campaña por la decisión de MediaMarkt de no permitir la devolución de productos que hubieran sido abiertos, y de hacerlo, en el mejor de los casos, por un vale y no por el dinero invertido en principio. Habia parte de razón del consumidor y parte de razón de la empresa… pero en cualquier caso, todos levantamos la bandera del consumidor para hacer frente a tal atropello.
Sin embargo, es curioso comprobrar como a la hora de hacer uso de las ventajas de la devolución, no parecemos tener los mismos escrúpulos, y se está sucediendo, según ha denunciado diversas fuentes de centros comerciales, la devolución de productos que se compraron y usaron para las vacaciones exclusivamente.
Cámaras de video, GPS, dispositivos pórtatiles como DVD… etc etc etc pasan de las estanterías a las manos de los consumidores, con el único fin de usarlos durante un breve periodo de tiempo y devolverlos a la tienda como si no hubiera pasado nada.
No serán estas líneas las que digan a la gente lo que debe hacer pero… ¿es ético exigir la devolución del dinero cuando se está haciendo un uso perverso del sistema? Habrá quién diga que hecha la ley, hecha la trampa..pero… ¿no deberíamos poner los mismos reparos ante este atropello que los que ponemos cuando la “trampa” la hacen las multinaciones?