Es curioso como de un tiempo a esta parte la polémica parece haberse adueñado de las cadenas de televisión en determinadas franjas horarias. Si echamos un vistazo a los contenidos de algunos de los principales programas que hay a nuestro alrededor, podemos descubrir que el insulto, la difamación y el escándalo se han convertido en un modus operandi habitual y en un escenario perfectamente reconocible.
Esto, que podría no parecer importante dado que es algo habitual y frecuente en todo lo que rodea a nuestra televisión, debería ser sin embargo analizado con detenimiento. Suele decirse que este tipo de contenidos son los que más audiencia generan, y no es muy desencaminado pensar que hay mucho de verdad en ello. Sin embargo, si uno recoge y echa un vistazo a las principales audiencias en nuestro país encontrará que este tipo de programas son superados en mucho por una buena película, un buen evento deportivo e incluso un acontecimiento de corazón pero de “buen rollo” (una boda, por ejemplo).
¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Es esta una manera de conseguir audiencia fácil, sin más, o por el contrario es un camino cómodo y barato por parte de todos aquellos que dirigen las cadenas para rebajar el nivel cultural y de entretenimiento de nuestro país?
La expulsión de Risto Mejide, los acontecimientos posteriores y las declaraciones de uno y otro, podría servir perfectamente de ejemplo que suscribe todo lo apuntado con anterioridad y que debería hacernos pensar a todos y cada uno de los televidentes. A fin de cuentas, el mando, siempre, lo tenemos nosotros.
Una de las frases más habituales para definir un estado de ensimismamiento y falta de atención es decirle a alguien que está “en la Luna”. Pues bien, esto que siempre suele tomarse de manera “perversa”, podría simbolizar hoy en día un privilegio digno de presumir durante siglos….
A menudo llamado ” el cuarto poder”, el papel de la prensa y los medios de comunicación siempre ha sido, desde el inicio de los tiempos, respetado y entendido por toda la sociedad. Respetado, en el sentido de que nadie puede negar a estas alturas la importancia de la prensa en la formación de la opinión pública, y entendido, porque nadie hoy puede pretender que los medios no realicen la labor importantísima que llevan a cabo.